domingo, 18 de octubre de 2015

Los relatos del tío Loui: el nacimiento de Huitzilopochtl (el amanecer)





El sol y la luna rigen el ciclo del día y la noche, un ciclo causado por el movimiento natural del planeta tierra, imagina que no supiéramos que lo causa ¿podrías explicarlo? ¿Cómo lo explicarías? Pues nuestros ancestros lo hacían a base de mitos y leyendas, por ejemplo los aztecas contaban la leyenda del nacimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y señor de la guerra, en esta leyenda nos explica el amanecer cómo una batalla donde el sol con su poderoso rayo solar (Xiuhcoatl)  asesina a la luna (Coyolxauhqui) y persigue a las estrellas (centzonhuitznahuac) hasta desaparecerla, triunfando con gloria demostrando todo su poder, en esta leyenda también se explica la creación de la luna y las estrellas en el cielo.





En Coatepec, por el rumbo de Tula, había estado viviendo, allí habitaba una mujer de nombre Coatlicue. Era madre de los cuatrocientos Surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.
Coatlicue allí hacía penitencia, barría, tenía a su cargo barrer, así hacía penitencia, en Coatepec, la Montaña de la Serpiente. Una vez, cuando barría Coatlicue, sobre ella bajó un plumaje, como una bola de plumas finas, En seguida lo recogió Coatlicue, lo colocó en su seno, Cuando terminó de barrer, buscó la pluma, que había colocado en su seno, pero nada vio allí. En ese momento Coatlicue quedó encinta, Al ver los cuatrocientos Surianos que su madre estaba encinta, mucho se enojaron, dijeron:

« ¿Quién le ha hecho esto?  ¿Quién la dejó encinta? Nos afrenta, nos deshonra»  

Y su hermana  Coyolxauhqui les dijo:

«Hermanos, ella nos ha deshonrado, hemos de matar a nuestra madre, la perversa que se encuentra ya encinta. ¿Quién le hizo lo que lleva en el seno?»
Cuando supo esto Coatlicue, mucho se espantó, mucho se entristeció. Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno, la confortaba, le decía:

«No temas, yo sé lo que tengo que hacer»

Habiendo oído Coatlicue las palabras de su hijo, mucho se consoló, se calmó su corazón, se sintió tranquila. Y entretanto, los cuatrocientos Surianos se juntaron para tomar acuerdo, y determinaron a una dar muerte a su madre, porque ella los había infamado, Estaban muy enojados, estaban muy irritados, como si su corazón se les fuera a salir, Coyolxauhqui mucho los incitaba, avivaba la ira de sus hermanos, para que mataran a su madre. Y los cuatrocientos Surianos se aprestaron, se ataviaron para la guerra,  Y estos cuatrocientos Surianos eran como capitanes, torcían y enredaban sus cabellos, como guerreros arreglaban su cabellera.

Pero uno llamado Cuahuitlicac era falso en sus palabras. Lo que decían los cuatrocientos Surianos, en seguida iba a decírselo, iba a comunicárselo a Huitzilopochtli. Y Huitzilopochtli le respondía:

 «Ten cuidado, está vigilante, tío mío, bien sé lo que tengo que hacer»

Cuando finalmente estuvieron de acuerdo, estuvieron resueltos los cuatrocientos Surianos a matar, a acabar con su madre, luego se pusieron en movimiento, los guiaba Coyolxauhqui. Iban bien robustecidos, ataviados, guarnecidos para la guerra, se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel, su anecúyotl, sus ortigas, sus colgajos de papel pintado, se ataron campanillas en sus pantorrillas, las campanillas llamadas ayohualli. Sus flechas tenían puntas barbadas.  
Luego se pusieron en movimiento, iban en orden, en fila, en ordenado escuadrón, los guiaba Coyolxauhqui. Pero Cuahuitlicac subió en seguida a la montaña, para hablar desde allí a Huitzilopochtli, le dijo:   

«Ya vienen».

Huitzilopochtli le respondió: 


«Mira bien por dónde vienen»

Dijo entonces Cuahuitlicac:

«Vienen ya por Tzompantitlan»

Y una vez más le dijo Huitzilopochtli: «¿Por dónde vienen ya?»

Cuahuitlicac le respondió:

«Vienen ya por Coaxalpan»

Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahuitlicac:

«Mira bien por dónde vienen»

En seguida le contestó Cuahuitlicac:

«Vienen por la cuesta de la montaña»

Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli:

«Mira bien por dónde vienen».

Entonces le dijo Cuahuitlicac:

«Ya están en la cumbre, ya llegan los viene guiando Coyolxauhqui»

En ese momento nació Huitzilopochtli, se vistió sus atavíos, su escudo de plumas de águila, sus dardos, su lanza-dardos azul, el llamado lanza-dardos de turquesa. Se pintó su rostro con franjas diagonales, con el color llamado «pintura de niño», Sobre su cabeza colocó plumas finas, se puso sus orejeras. Y uno de sus pies, el izquierdo era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas, y sus dos piernas y sus dos brazos les llevaba pintados de azul  Y el llamado Tochancalqui puso fuego a la serpiente hecha de teas llamada Xiuhcoatl, que obedecía a Huitzilopochtli.
Luego con ella hirió a Coyolxauhqui, le cortó la cabeza, la cual vino a quedar abandonada en la ladera de Coatepetl, el cuerpo de Coyolxauhqui fue rodando hacia abajo, cayó hecho pedazos, por diversas partes cayeron sus manos, sus piernas, su cuerpo.  Entonces Huitzilopochtli se irguió, persiguió a los cuatrocientos Surianos, los fue acosando, los hizo dispersarse, desde la cumbre de Coatepetl, la montaña de la culebra. Y cuando los había seguido hasta el pie de la montaña, los persiguió, los acosó cual conejos, en torno de la montaña, Cuatro veces los hizo dar vueltas.
En vano trataban de hacer algo en contra de él, en vano se revolvían contra él, al son de los cascabeles y hacían golpear sus escudos. Nada pudieron hacer, nada pudieron lograr, con nada pudieron defenderse, Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó, los destruyó, los aniquiló, los anonadó. Y ni entonces los dejó, continuaba persiguiéndolos. Pero ellos mucho le rogaban, le decían:

« ¡Basta ya!»

Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto, con fuerza se ensañaba contra ellos, los perseguía. Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia, pudieron librarse de sus manos, se dirigieron hacia el sur, porque se dirigieron hacia el sur, se llaman Surianos, los pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli.

Y cuando Hiutzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quitó sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los puso, se los apropió, los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias.

Texto extraído del códice florentino libro III capítulo I



También les dejamos esta historia en un vídeo encontrado en Internet, el cual desconozco su autoría




Sin duda alguna es una bella leyenda del pueblo mexicano, que nos muestra como un pueblo guerrero se explicaba el funcionamiento de la naturaleza, quiza ahora cada vez que veas el amanecer y a las estrellas desvanecerse poco a poco imagines que es huitzilopochtl persiguiendo a sus hermanos.



Para nosotros la retroalimentacion es muy importante para brindarte una experiencia de gran calidad y mejorar dia a dia, por  favor dejanos tus comentarios,dudas e ideas
sin mas que agregar me despido y les deseo dulces pesadillas.

Auf wiedersehen 

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